Joane Indurain
es un artículo de Josebe Egia publicado en el nº del 19 de julio de 1999 de GARA.
Josebe Egia
No no, no se piensen ustedes que estamos ante una prolongación más de la saga del ciclista navarro que tantas medallas ha obtenido y que tanto ha hecho en los últimos años para elevar la autoestima colectiva aunque algunas personas asistamos impávidas a los resultados deportivos, hay que reconocer que el deporte sigue siendo uno de esos factores que mide la moral del pueblo, ahí es nada.
Pues no, el juego de palabras que encabeza este artículo me viene al pelo para recordar el éxito obtenido en el pasado Giro femenino por la ciclista Joane Somarriba. Ella fue la ganadora de la vuelta y sin saber realmente si por fin los medios de comunicación se han dado cuenta de la calidad deportiva de muchas mujeres o es que se ha considerado un "bonito detalle" su victoria, lo cierto es que la noticia ha tenido su repercusión en la prensa. Porque noticia sí que es, por mucho que algunos equipos informativos, periodistas e incluso educadores deportivos consideren que no se puede comparar la espectacularidad de los logros obtenidos por hombres en comparación con los de las mujeres. Si empezáramos a discutir sobre este extremo no terminaríamos nunca e incluso terminaríamos hablando de cuestiones estéticas experiencia tengo en el tema y planteo otra cuestión que sin embargo, siempre queda en el aire y es el del olvido generalizado a la hora de dar a conocer los resultados deportivos de las mujeres, a pesar de participar en las máximas competiciones. Con honrosas excepciones como la de este periódico y que conste que no es autocomplacencia de colaboradora.
Somarriba, al igual que otras deportistas de su especialidad, han tenido y tienen una excelente oportunidad para darse a conocer en la Bira que anualmente se organiza en Iurreta, la misma cantera que ha supuesto Añorga para las futbolistas que también han ganado varios años las ligas femenias o la Real Sociedad para las jugadores de hockey, amén de todas las mujeres que individualmente han logrado sus metas. Con eso de que nos dejamos contagiar por todo lo nor- teamericano, puede que aquí nos pase lo que allí, que las nuevas heroínas "made in USA" sean las componentes del equipo femenino de fútbol, ganadoras del Mundial de Fútbol hace unas semanas en un acontecimiento televisivo que fue seguido por millones de personas.
Mientras, lo más probable es que por aquí tengan que seguir muchas familias animando y financiando las aficiones deportivas de sus hijas, que algunas de ellas tengan que pelearse contra algunos prejuicios todavía latentes por practicar deportes considerados "poco femeninos" y que, como ocurre con las componentes de un equipo arraunlari de Santurtzi, estén buscando otra trainera para poder competir.
Y con el verano y las vacaciones en puertas, olvidados ya los sanfermines que tantos titulares ocupan y que tanto trabajo dan a muchas mujeres que son las que realmente mantienen la fiesta con su trabajo ¿se han preguntado alguna vez quien consigue que el traje blanco esté impecable cada día?, no me voy de Iruñea sin recordar las palabras que ha dicho su alcaldesa, a saber, que dedicaba las fiestas a las mujeres que tanto han luchado por la igualdad de oportunidades y de las que se consideraba deudora. Esperemos que sea un augurio del trabajo que puede desempeñar la única mujer alcaldesa de una capital de Euskadi Sur, aunque la trayectoria de algunas formaciones políticas levantan más sospechas que otras porque precisamente son especialistas en regalar los oídos de su público en vez de plantear políticas serias, pero... démosle un margen.
Y volviendo a las mujeres de Iruñea, habría que pararse alguna vez a reconocer la labor que año tras año desempeñan las mujeres pamplonicas en mantener la fiesta y la alegría de otros, en lavar más blanco y cocinar más rico para que la juerga siga sin descanso. Ellas son, sin duda, las verdaderas protagonistas y por puro oculto, su trabajo carece de reconocimiento y de valor. Pero al margen de los sanfermines, lo cierto es que esto mismo ocurre con las vacaciones de verano que se nos avecinan porque, que yo sepa, las tareas domésticas no desaparecen con el calor ni se hacen las cosas por arte de magia. Hablar de "compartir" a estas alturas del curso puede sonar a reiterativo, pero si no tenemos claro que todo el mundo tiene derecho al descanso, algunas pueden terminar como una amiga cercana, trabajadora-madre-de-familia, cuya frase más habitual es: ¿vacaciones? No, gracias.
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